Hermandad de Madre de Dios del Rosario. Patrona de Capataces y Costaleros.


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Reproducimos el texto íntegro de la homilía que el Director Espiritual de la Hermandad,

Rvdo. Sr. Manuel de Azcárate Cruzado, pronunció el día 8 de marzo de 2011

con motivo de la toma de posesión de la nueva Junta de Gobierno:

 

 

 

Celebramos hoy esta Eucaristía para ponernos en manos del Señor por intercesión de Santa María, Madre de Dios del Rosario.

 

Lo primero que yo pediría hoy a la Virgen sería que todos los que decimos quererla, que seamos humildes, como ella. Madre de Dios, Reina y Señora del universo y de todo lo creado y sin embargo nunca se hacía casi notar, era su vida muy escondida, se sentía como una humilde esclava y lo importante para ella era el cumplimiento de la voluntad de Dios.

 

La vida es un proceso imparable, vamos todos caminando y es muy importante que las etapas que nos van tocando que las vivamos, vuelvo a repetirlo, con humildad, serenidad, sosiego, ilusiones, inquietudes y con coherencia. Yo pienso que en casi todas las condiciones que en la vida nos van situando, en cada etapa, podemos tener dos posiciones distintas, una sería la presunción de creernos que, a lo mejor, somos los mejores y de pronto vemos que no, y cuando nos damos cuenta podemos caer en una desesperación o frustración. Por tanto, no hay que ser presuntuosos, hay que ser sencillos y trabajar pues, poquito a poquito.

 

Como ha dicho el Evangelio, la semilla se siembra y puede ocurrir que a veces, como vamos tan acelerados, pues que la semilla si cae entre las piedras, imagínate qué es lo que va a dar, brota un poquito con la humedad, pero cuando llega la calorina se seca. Otra cae en el camino, después llegan los pájaros, se la comen y se pierde.

 

Para que la semilla pueda germinar, debe haber un proceso, un cuidado, un trabajo y hay que tener la precaución de no caer en esa tentación de creerse uno que vamos a arreglar el mundo. Esto es un proceso. Lo bonito es: ha habido un cambio de gobierno en la hermandad y la hermandad continúa. Ha habido un gobierno el cual pues ha hecho lo que tenía que hacer, y yo por eso hoy lo felicito. Ha hecho cosas muy buenas; porque levantar esa casa, eso es meritorio. Se ha hecho una labor buena, una labor de hermanos, se han arreglado cosas y ahora hay una continuidad porque en una hermandad cuando empieza uno, no puede decir yo llego ahora y lo de antes no sirve. No, debe haber continuidad, es una organización y sigue adelante y hay una frase muy bonita que nos la dice el Señor, que es que la acción del Espíritu Santo se descubre cuando el bien que hagamos o el bien que queremos hacer siempre desemboque en el bien de los demás. El bien particular podía ser un bien egoísta, aparatoso, de quererse cubrir de honores; pero eso sí, aquí lo importante es que en la Iglesia, en la hermandad -que es una agrupación de hombres y mujeres- por el amor a la Virgen vamos a tratar de descubrir la voluntad de Dios.

 

Entonces, ahí, en una hermandad, ¿quién vale más? Pues a lo mejor vale más el que no lo parece, como ha dicho el Evangelio, como ha dicho las Sagradas Escrituras. Todo va en función a las actitudes de las personas, a la generosidad. Os daría yo un consejo: siempre las hermandades de la Iglesia tienen que buscar la forma de que en ellas los hermanos encuentren una realización cristiana. La hermandad tiene que ser un recinto donde los agobios de la vida se puedan expresar un poquito y todas las atenciones que la vida conlleva. Entonces hay que procurar echar un ratito bueno en nombre de Madre de Dios, estar a gusto e ir transmitiendo a los hermanos que no sea un lugar de crispación, un lugar de tensiones, es decir, después de tantos ratos que se tienen que echar, incluso de noche y tantas cosas, pues verdaderamente… y sacrificios a las familias, el tiempo que estáis aquí no estáis en vuestra casa, por eso lo que no podemos hacer es crearnos crispaciones, las de casa y también las de la Iglesia, hay que procurar no tener ninguna de las dos. La familia es muy importante y hay que tenerla muy bien atendida. Debemos hablar con los hijos, tenerles un seguimiento, a las esposas, a los maridos, en fin el de la situación de gobierno que tenga cada uno.

 

Hay que procurar que la hermandad no destaque porque tenga la Virgen más flores o más dorado. No, la hermandad resaltará siempre que el corazón de los hermanos sea un testimonio vivo de amor a Dios y de amor a la Virgen y sobre todo con una actitud muy importante en todas las situaciones de la vida. Como dijo Santa Teresa momentos antes de morir, te doy gracias Señor, no porque haya sido monja, no porque haya fundado conventos por tantos sitios, te doy gracias, Señor, porque "muero como hija de la Iglesia". Estas fueron sus palabras. Pues qué bonito sería también que en la hermandad pueda llegar incluso el momento en que uno diga: “Te doy gracias, Madre de Dios del Rosario, porque soy y me siento hijo de la Iglesia”.

 

Como he dicho, la hermandad no es signo de poderío, ni de categorías. No, de eso no. Serían tonterías o locuras ¿no? Además, todos los días y dentro de un rato lo vamos a decir aquí en la misa, después del Padrenuestro, todos proclamamos: "Tuyos son el poder, el honor y la gloria, Señor". El reconocer las limitaciones no achica a la persona. Recordemos lo que nos dice el Magnificat: el Señor dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los pobres, a los humildes, a los que invocan al Señor y quieren ser más buenos y quieren dar su vida por la gente, por la hermandad, a los que tienen un corazón noble. Lo demás es pasajero, lo que hay que procurar es ser buenos sembradores, el sembrador tiene que trabajar porque si no la semilla no germina. Hay que arar la tierra, con mucho sudor, hay que cuidarla, hay que regarla y ella dará sus frutos donde toda la labor se haga con generosidad, con buenas actitudes, creando buena hermandad y la actitud de la familia, que es donde confluye la humildad y la generosidad. Hay que ser dialogantes, no debemos pensar que lo mío y lo que yo decido es lo mejor. No, lo mejor es cuando se dialoga, cuando se comunican las cosas y a lo mejor en ese diálogo y entre unos y otros puede surgir una idea.

 

¿Quiénes son los más importantes? Vuelvo a repetir, los más humildes y los que más confíen en el Señor; y en una hermandad el gobierno siempre tiene que ir en función al servicio, es decir, el Hermano Mayor nunca será el más grande, sino el más servidor, como dicen las Hijas de la Caridad. La superiora no se llama superiora, sino Hermana Sirvienta. Tenemos que estar dispuestos a servir. Al que le guste mandar, mejor que se quede en casa, porque el Señor es el que ha instituido la Iglesia y Él no vino a ser servido, sino a servir, a lavar los pies a sus discípulos. Entonces dentro de una hermandad hay que saber valorar a esa persona humilde y buena que no aparece por la hermandad, pero que sí viene a ver a Madre de Dios y se emociona, y le pide y le implora. La persona que le pone una flor, el que viene a dejar su capilla limpia, el que se dedica a otra cosa, a que la economía vaya bien, el que todo salga bien, que la procesión salga  bonita. Es decir, es un conjunto de cosas y dentro de toda esa diversidad tiene que haber una familia, todos somos familia, hijos de Madre de Dios y Ella madre de todos nosotros y entonces que nunca seamos gente que desechemos a nadie, porque Nuestro Señor no desecha a nadie. Ante Él todos somos válidos.

 

Así que nosotros imploramos esta intercesión del Espíritu Santo y de la Madre de Dios, que yo se que Ella está delante de todos nosotros para que seamos felices. Para una madre o un padre, yo pienso, que la recompensa mayor es ver a sus hijos felices y a la Madre de Dios es el mejor regalo que le podemos hacer. Que nos ayudemos a ser felices en el seguimiento a Jesús. Esa es la mayor gloria y el regalo más bonito que le podemos hacer a Madre de Dios y es lo que le vamos a decir: Madre de Dios del Rosario, ayúdanos para que te tengamos contenta, queriéndonos y haciéndonos felices los unos a los otros en el seguimiento a Nuestro Señor Jesús.


 

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